Impulso
Puse el cañon en su frente. Recorrí mentalmente los ultimos días: los árboles sin hojas, las horas de rutina, los sueños sin nombres, las charlas perdidas. "Qué te pensabas?" indagué. Solo callaba apretando los labios de bronca. "Ahora vez que yo SI soy capaz... pero no te tiene que enojar... todos mentimos bastante y nadie sabe realmente de lo que es capaz... hasta hace minutos yo tampoco creía poder hacerlo... pero ahora... esto del poder!..." Al palmarle la espalda movió el hombro en señal de rechazo. "Es tan fácil matar, que el hombre elige todos los días ni siquiera pensarlo." deslizando el revolver por su rostro bajé hasta su vientre. "viene tan rápida la muerte, que quien mata solo disfruta los momentos antes al disparo, largos como día de vagabundo".
Quizás no estaba de acuerdo con muchas de las cosas que le decía... pero ese delicioso juego de torturar... "Ahora sabés, aunque tarde, que el que gana siempre es el menos cobarde. Hurgaste mis cosas. Te creíste atrevida por eso... por jugar el juego, por mentir, por esconder. Cada hombre tiene su privacidad pero también tiene: su propio infierno. En tu próxima vida tratá de no meterte en el camino de aquellos que ya descendieron hacia sus profundidades" gatillé una, dos, tres veces. Su vientre y su boca escupían sangre. Su cuerpo se retorcía intentando escapar de la silla a la cual estaba amarrada. Me quedé mirando unos momentos y luego agarré el telefono: "Acabo de cometer un homicidio, oficial. Si, aquí lo espero."
Quizás no estaba de acuerdo con muchas de las cosas que le decía... pero ese delicioso juego de torturar... "Ahora sabés, aunque tarde, que el que gana siempre es el menos cobarde. Hurgaste mis cosas. Te creíste atrevida por eso... por jugar el juego, por mentir, por esconder. Cada hombre tiene su privacidad pero también tiene: su propio infierno. En tu próxima vida tratá de no meterte en el camino de aquellos que ya descendieron hacia sus profundidades" gatillé una, dos, tres veces. Su vientre y su boca escupían sangre. Su cuerpo se retorcía intentando escapar de la silla a la cual estaba amarrada. Me quedé mirando unos momentos y luego agarré el telefono: "Acabo de cometer un homicidio, oficial. Si, aquí lo espero."
1 Comentarios:
ummm ... rojo por doquier ... que lindo sabor me llevo de aquí.
N.
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